Objeciones éticas a las operaciones de “cambio de sexo”
Viernes, 23 de Septiembre de 2011 13:34

(AA) En una nota anterior comentábamos sobre los proyectos que hay en el Congreso para otorgar el derecho al cambio de sexo en el país con una intervención quirúrgica y también a tramitar el DNI con una nueva "identidad de género", con o sin previo tratamiento médico.

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Continuamos con la presentación del trabajo “La psicopatología de la cirugía de reasignación de sexo” de Richard Fiztgibbons, Phillip Sutton y Dale O’Leary publicado en The National Catholic Bioethics Quarterly (2009). Presentamos ahora las objeciones éticas a las operaciones de “cambio de sexo”. Tal como vimos en la nota anterior, el sexo no puede cambiarse pues la identidad sexual está escrita en el ADN de cada célula del cuerpo humano, es inmodificable. Tan sólo pueden cambiarse las apariencias y alguien puede pretender que es, lo que en realidad no es. Es decir, hay un gran engaño en todo ésto. El Congreso no puede legalizar el engaño.

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Objeciones éticas a las operaciones de “cambio de sexo”

Públicamente se promueve que el objetivo de las operaciones de reasignación de sexo es transformar a una persona de un sexo en el otro sexo. Fisiológicamente es imposible cambiar el sexo de una persona, ya que el sexo de cada persona está codificado en los genes -XX si es mujer, XY si es hombre-. La cirugía sólo puede crear la apariencia del otro sexo. George Burou, un médico que ha operado a más de 700 hombres estadounidenses, explicó: "Yo no cambio a hombres en mujeres. Yo transformo genitales masculinos en genitales que tienen un aspecto femenino. Todo el resto está en la mente del paciente". Los terapeutas suelen no estar dispuestos a explorar la motivación erótica de aquellos que solicitan operaciones de reasignación de sexo: "A la mayoría de los terapeutas y cirujanos probablemente les sería difícil reconocer que cuando dan su aprobación para la cirugía de reasignación de sexo, o cuando la realizan, simplemente están ayudando a una mujer transexual a representar su propio guión de parafilia sexual". Cada persona que busca una cirugía de reasignación de sexo es un individuo único con su propia historia y sus trastornos psicológicos y problemas emocionales particulares.

El sufrimiento de las personas que desean una cirugía de reasignación de sexo no se puede negar. En muchos casos, se inició en la primera infancia. Muchos han sido víctimas de diversas formas de abuso o de rechazo de los compañeros o de los padres. Las necesidades emocionales básicas en relaciones afectivas con compañeros del mismo sexo y con el padre del mismo sexo a menudo no han sido satisfechas. La disforia de género rara vez constituye el único trastorno psicológico que se puede diagnosticar. Sin embargo, los une la creencia de que la cirugía de reasignación de sexo puede resolver sus problemas. Estas personas se han creado un libreto erótico en el que creen que, como personas del otro sexo, serán capaces de superar todas las dificultades. Pueden contar con el apoyo de los cirujanos para hacer su fantasía realidad, pero esas fantasías no están basadas en la realidad. La operación de reasignación de sexo puede satisfacer el deseo de la fantasía, pero no puede (re) crear a una persona como un individuo totalmente funcional del sexo opuesto, capaz de vivir honestamente como el otro sexo en situaciones del mundo real. Estas personas siempre van a vivir en su fantasía, tratando cada vez más con mayor empeño de que la fantasía sea más perfecta. Las fantasías pueden calmar la ansiedad temporalmente, pero no pueden curar las heridas de traumas de la infancia ni satisfacer necesidades primarias insatisfechas. Una vez que las personas se someten a cirugías de reasignación de sexo, pueden ser -y a menudo lo son-, aún más reticentes a admitir que todavía están luchando con serios conflictos emocionales.

Los terapeutas a menudo son  incapaces de vencer la resistencia del paciente y descubrir los problemas subyacentes -graves deficiencias emocionales de una baja autoestima, tristeza y enojo que se relaciona con la incapacidad para desarrollar relaciones afectivas estables en la infancia y la adolescencia. En vez de admitir esto, se entregan ante el auto-análisis del paciente y las demandas que provoca su trastorno. Autorizar operaciones de reasignación de sexo le permite al equipo médico sentir que están haciendo algo y sus pacientes están agradecidos. Sin embargo, el equipo pasa por alto el hecho de que las cirugías de reasignación de sexo mutilan un cuerpo humano sano, se traducen en mucho dolor y sufrimiento, someten a riesgos reales injustificables a los pacientes, y no abordan los verdaderos problemas psicológicos.

Esto no significa negar las necesidades humanas de estas personas de aceptación y amor. Una cosa es honrar la necesidad de cada persona humana de ser aceptado como un ser de infinito valor. Otra muy distinta es dar lugar a las pretensiones de una persona para que los demás -incluyendo médicos y profesionales de salud mental- pasen por alto o nieguen la verdad y acepten una fantasía como realidad. Este tipo de aceptación forzada y falsa sólo puede hacer que aquellos que la exigen, se sientan más inseguros, ya que de algún modo saben que una afirmación forzada no es sincera.

Nuestra sociedad ha confundido la satisfacción erótica con el amor. Esta confusión surge de la adopción generalizada de una ética sexual utilitarista, en la que el placer se convierte en la medida del bien, el placer sexual se ve como el placer máximo y por lo tanto como el bien más elevado. Los que adoptan este punto de vista ético, consideran como algo bueno toda clase de placer sexual, ya sea solitario o con otros -siempre y cuando no se use la fuerza-  y ven como algo negativo a todo lo que impida el placer sexual. Por lo tanto, si un homosexual transexual desea tener sexo con hombres heterosexuales y puede alcanzar esa meta a través de la cirugía, no hay ninguna razón para negarle este placer. Si los transexuales autoginefílicos (hombres enamorados de su imagen como mujer) quieren fantasear con su amor a ellos mismos transformados en mujer, no se les deberían negar los medios médicos y quirúrgicos para lograr su deseo. Para aquellos que tienen una visión utilitarista de la sexualidad, no se les debería negar ningún deseo sexual, sin importar cuán compulsivo o peligroso pudiera ser.

En 1960, el Papa Juan Pablo II (entonces obispo Karol Wojtyla), en su libro Amor y Responsabilidad, explicó cómo la ética utilitarista aplicada a la sexualidad violaba la ley fundamental del amor al tratar a la persona humana como un objeto. Tanto la bibliografía como los estudios de caso en los pacientes antes y después de someterse a cirugías de reasignación de sexo muestran que, aunque insisten en que están satisfechos con su decisión de continuar con la cirugía, estas personas también expresan una triste insatisfacción con la calidad de sus relaciones. En alguna medida, saben que están utilizando a los demás y que están siendo utilizados. Un estudio [1] encontró que los homosexuales transexuales, ya sea antes o después de la cirugía, a menudo ejercen la prostitución. Su capacidad "para disfrutar emocionalmente de sexo sin sentido es típicamente masculina." A medida que crecen, muchos admiten que viven vidas solitarias y aisladas. Las Fantasías nunca puede satisfacer la necesidad del hombre de auténtico amor humano.

[1] Bailey, Man Who Would Be Queen, pag. 185.


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