Ley contra la homofobia


FUENTE: Osservatorio Internazionale Cardinale Van Thuân

FECHA: Miércoles 17 de julio de 2013


Está próximo a concluir el proceso parlamentario de la llamada ley "sobre la homofobia". Esta ley llegará el 22 de julio a Montecitorio, y aquí se corre el riesgo de que, entre las emergencias económicas y las polémicas políticas, se apruebe en el silencio general. Silencio que lamentablemente ha marcado también al mundo católico. Sin embargo, afortunadamente en estos días se han despertado algunos grupos y organizaciones que han empezado a recoger firmas en contra de la ley. Nuestro Observatorio se adhiere a estas iniciativas.

Las noticias procedentes de Europa, donde leyes similares ya están en vigor, son alarmantes. Decir que la familia es sólo aquella entre un hombre y una mujer puede ser calificado como homofobia y ser causa de persecución. La lectura en público del libro del Génesis sobre la creación del hombre y la mujer, o los pasajes de San Pablo sobre la inmoralidad del acto homosexual podrían ser considerados un delito. Enseñar en la escuela que la familia es una sola podría ser declarado discriminatorio por promover el odio homofóbico. Esta ley, interpretando ideológicamente los derechos, obliga al reconocimiento público de algo que no necesita reconocimiento público y, al hacerlo, restringe la libertad. Y esta libertad de opinión y de religión también forma parte de los derechos a los que la ley misma apela.

Nos enfrentamos así a un panorama de presión cuando no de persecución. Se ven obligados a negar las evidencias y las diferencias y las conciencias están llamadas a tomar una decisión, pagando probablemente un costo cada vez más pesado, entre la verdad y la ley del Estado. Nunca había sucedido que los regímenes democráticos se convirtieran en expresión de una ideología opresiva y violenta como en este caso.

Este problema afecta a todos, porque es una cuestión de libertad, de conciencia y de razón. Demasiado obvia la estrategia de apoyarse en la lucha contra la discriminación para aplicar una discriminación mayor. Demasiado evidentes los enormes recursos puestos en juego, la convergencia de los poderes fuertes en esta política de negación de la libertad, la convergencia sinérgica y programada de grandes medios de comunicación y grupos de presión político sociales y culturales.

El escenario, con todos sus peligros, está delante de todos. Los católicos, sin embargo, lo toman en cuenta de manera particular, porque están apoyados y guiados, además que por la razón, por la Palabra de Dios, y por las repetidas enseñanzas de la Iglesia y las afirmaciones del Catecismo. Nada de todo esto ha cambiado desde el 2007 cuando los obispos italianos, y antes que ellos, los dicasterios pontificios, aclararon este tema de manera doctrinal y ética.


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