La reencarnación

·         Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti
 
Hace pocos días escuché a una señora decir que una compañera de trabajo estaba muy interesada con la idea de la reencarnación.
 
Según esta creencia del hinduísmo, después de la muerte el alma de cada uno va a habitar otro cuerpo humano o un ser inferior (animal o vegetal) de acuerdo a la ley llamada “karma”. También el budismo profesa algo semejante, pero sin otorgarle identidad personal. Esta creencia, muy extendida en las religiones orientales, también es sostenida por la religión afro-brasileña y espiritista Umbanda. Entre las finalidades de la reencarnación, según los umbandistas, estaría la enmienda del pasado y el progreso y realización de misiones importantes.
 
En muchas ciudades de Occidente han desembarcado cientos de  gurúes que difunden e inician en estas creencias; otras veces también son conocidas a través de la práctica del yoga, no en cuanto posturas corporales sino en cuanto ideas que en el curso de tales sesiones, a veces, se proponen.
 
La idea de escribir esta columna se me avivó cuando leí que la actriz Julia Roberts se había convertido al hinduismo tras haber participado en la película “Comer, rezar, amar”, rodada en parte en India. “Soy hinduista practicante” dijo, añadiendo que la película fue ocasión para ahondar su interés por la meditación yoga y la práctica religiosa en los ashram o espacios donde se imparte la enseñanza del hinduismo.
 
Soy respetuoso de las personas con otras creencias. Y veo este hecho como un claro signo de que todos los seres humanos estamos “abiertos” a la dimensión religiosa, aunque muchos lo olviden, repriman  o lo vivan alternando con otros intereses y proyectos.
La reencarnación no es compatible con la fe cristiana, de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, según el cual al final de nuestro único recorrido vital, habrá un juicio y una eternidad, conforme a nuestras obras, puestas en la balanza por un Dios justo y misericordioso. Este final le imprime a nuestra vida un carácter único.
 
Estas ideas de algunas religiones, también pueden analizarse desde la filosofía. Julián Marías dice que el aspecto irrepetible de la vida humana podría expresarse así: “los días contados” y que esto nos obliga a tener que acertar. Es que si la vida fuera interminable no sería importante errar, porque el tiempo perdido sería indiferente; siempre quedaría otro capítulo para rectificar o volver a empezar.
 
Pero no sólo se trata de tener “los días contados”; también los tenemos, de algún modo, ordenados. Los días de la vida, dice Marías, más que al dinero se parecen a los cupones en las épocas de racionamiento. Si la riqueza es ilimitada (pensemos en la suposición bastante común que reinaba hasta hace algún tiempo de que las fuentes energéticas y los recursos naturales, como por ejemplo el agua, eran inagotables), no importa errar en lo que se compra con ella; si no sirve o no gusta, se descarta y se compra otra cosa. Pero si los recursos son limitados, esto no es posible. Cuando hay cupones de racionamiento,  concluye Marías con su ejemplo, no basta el dinero: hacen falta los cupones asignados a cada posible gasto, y si los he consumido ya no hay posibilidad de rectificación.
 
Cada porción de la vida gravita sobre todas las demás, de tal modo que cuando nos jugamos un fragmento de la vida, en cierta medida nos estamos jugando la vida entera. La vida es pues irrevocable. Aunque resulta curioso, comprueba  Marías (antes de conocer los play station) y  seguramente coincidirán muchos lectores de esta columna, nuestra época tiene una tremenda resistencia a aceptar la irrevocabilidad de la vida. El hombre actual no quiere que nada sea irrevocable (los años, envejecimiento, matrimonio, los votos religiosos…). “Lo malo es que esa resistencia es bastante inútil, porque nos guste o no, es así, y cuando se intenta contrariar esta condición, en primer lugar se desvaloriza aquello que se pretende hacer revocable.”
 
Termino citando a la Madre Teresa que por haber vivido largos años en Calcuta,  responde a esa concepción de la vida como sucesivas reencarnaciones. “Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí.”  
 
Columna publicada el domingo 20 de agosto de 2010 en el diario “Cambio”

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