Práctica abortiva versus Juramento Hipocrático


FUENTE: argentivosalerta.org
AUTOR: Martín Patrito

FECHA: Domingo, 18 de noviembre del 2012


(AA) El Juramento Hipocrático (JH) es el documento más famoso de la ética médica por el que el médico se compromete a dedicarse totalmente a la vida, en toda circunstancia, con independencia del rango social, la edad o la inteligencia. Lo propio del médico es mantener la vida, y nunca causar la muerte o cooperar a ella. Crece el número de los médicos que no se comprometen a seguir una ética rigurosamente definida.
  • ¿Qué es la objeción de conciencia?

 No se conoce a ciencia cierta quién fue su autor: no hay pruebas de que fuera Hipócrates mismo. Muchos indicios y pruebas indican que el JH es obra de distintos autores, de épocas diferentes. El texto original del JH es, literariamente, una pieza maestra, que expresa valores humanos elevados con mucha sencillez y transparencia, pero también abierto a una multiplicidad de interpretaciones.

  • El texto del Juramento Hipocrático

El juramento  impone una obligación fuerte de ciencia y competencia, que el médico ha de obtener por el estudio y la observación, y dirigidas al diagnóstico, pronóstico y tratamiento de los pacientes. Las palabras "según mi capacidad y buen juicio" se repiten dos veces en el texto del JH, para afirmar este elemento básico de la profesionalidad.

El JH impone los dos mandatos gemelos de buscar el beneficio del paciente y de abstenerse de todo lo que pueda redundar en su daño o humillación. Quedan así afirmados los principios de beneficencia y de no-maleficencia, lo que implica usar prudentemente los medios terapéuticos disponibles, y poner especial empeño en evitar el daño y atrogénico.

Que el médico añadiera sufrimiento a la enfermedad por su falta de juicio o diligencia suponía un daño irreparable para su reputación. Errar el tratamiento era como engañar al paciente. Por ello, el precepto de no dañar se convertía muchas veces en el de abstenerse por prudencia de iniciar un tratamiento de efectos difíciles de calcular.

Es neta y bien conocida la condena que el JH hace de la ayuda al suicidio (se infiere también la de la eutanasia) y del aborto. Lo propio del médico es mantener la vida, y nunca causar la muerte o cooperar a ella. Gran parte de la aceptación, y del rechazo, del JH se ha de atribuir al contenido de este parágrafo. El respeto por la vida humana del JH enlaza de modo simbólico con la cláusula que sigue, un compromiso de vivir y trabajar el médico en la pureza y santidad. Son muchos los médicos que vibran ante esa invitación tan llena de idealismo, sinceridad y entrega al trabajo profesional.

El compromiso de acudir el médico a la casa del enfermo solo para su beneficio y atento a no incurrir en malas acciones o daño constituye una vigorosa introducción del principio de justicia. "Malas acciones" podría también traducirse por injusticia. Además, se enumera a hombres o mujeres, esclavos o libres como miembros de un colectivo familiar o social, en el que no se introducen diferencias de dignidad, en el que todos son tratados sin discriminación, es una magnífica expresión de justicia.

Por último, la prohibición de instrumentalizar la visita médica como oportunidad de gratificación sexual no es solo un freno a la frivolidad, sino que es la condena ética de una injusticia grave.

La cláusula sobre la guarda del secreto se sustenta en el profundo, casi religioso, respeto que se debe a la intimidad del paciente.

La sección final del JH trata de las sanciones que al médico se le adjudicarán por cumplirlo o quebrantarlo. Tanto la esperanza de premio, como la amenaza de castigo se proyectan en dos campos: en la vida presente y en la posteridad. El médico fiel a sus compromisos espera ser premiado aquí ya con una vida próspera y feliz, en lo material y espiritual; y confía en gozar de fama duradera entre los hombres después de su muerte. El médico que quebrantara sus promesas acepta ser condenado a vivir en la infelicidad del fracaso y a caer en el olvido.

El ataque post-moderno al Juramento Hipocrático

En los últimos años ha sido objeto de una crítica muy dura con el propósito de debilitar su autoridad y su capacidad de crear una conciencia profesional fuerte, opuesta a la mentalidad de tecnócratas y utilitarista en la que se deja indeterminado el momento en que comienza la vida humana y la obligación de respetarla.

La antropologa Margaret Mead [1], sostiene que el JH marcó uno de los puntos de inflexión en la historia de la humanidad, al establecer desde la época de los griegos que la profesión médica había de dedicarse totalmente a la vida, en toda circunstancia, con independencia del rango social, la edad o la inteligencia: lo mismo la vida del esclavo, que la del Emperador, que la del extranjero, o la de un niño malformado.

"Este es un avance que no podemos dilapidar. Pero algunos están siempre empeñados en convertir al médico en un administrador de la muerte: matar al deficiente al nacer, dejar una dosis letal en la mesilla del enfermo de cáncer" expresa Mead.

Esa es una de las razones para aferrarse al JH. Podrá parecer anticuado en su estilo. Pero ha de ser respetado por su belleza moral, y, sobre todo, por haber salvado a la medicina occidental de sucumbir a las terribles tentaciones del dinero, la superstición y el poder. Esa es la fundamental aportación del JH a la medicina.

El texto del Juramento Hipocrático

  • Juro por Apolo, médico, por Asclepio, y por Higía y Panacea, y por todos los dioses y diosas, tomándolos por testigos, que cumpliré este juramento y promesa según mi capacidad y buen juicio:
  • Consideraré al que me enseñó este arte como igual a mis padres, compartiré mis bienes con él y, si tuviera necesidad de dinero, compartiré el mío con él.
  • Consideraré a sus hijos como hermanos míos y les enseñaré el arte, si desearan aprenderlo, sin exigirles pago ni promesa alguna.
  • A mis hijos, a los hijos de mi maestro y a quienes se obligaran con el juramento que manda la ley de la Medicina, y a nadie más, les enseñaré los preceptos, las lecciones orales y la práctica.
  • Aplicaré mis tratamientos para ayuda de los enfermos, según mi capacidad y buen juicio, y nunca los usaré para hacerles daño o engañarlos.
  • A nadie, aunque así me lo pidiera, daré un veneno, ni a nadie le sugeriré una cosa así.
  • Del mismo modo, nunca daré a una mujer un pesario para causar el aborto.
  • Con pureza y santidad viviré y ejerceré mi arte. No usaré el cuchillo ni siquiera con los que sufren de cálculos, antes bien dejaré esa operación a los expertos en ella.
  • En cualquier casa que entrare, lo haré para ayudar al enfermo, absteniéndome de toda mala acción o daño, en particular, de tener relaciones sexuales con mujeres o con hombres, esclavos o libres.
  • De todo lo que, en el curso de mi trabajo, o incluso fuera de él en mi trato social, vea u oiga algo que no deba ser divulgado, guardaré silencio, pues consideraré esas cosas como un secreto intangible.
  • Si guardo este juramento y no lo quebranto, que pueda gozar de honor en mi vida y en mi arte por siempre entre los hombres; pero si lo quebrantara y jurara en falso, que me suceda lo contrario.

El Juramento de Hipócrates como puede prestarlo un cristiano

  • Bendito sea Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo: sea bendito por los siglos de los siglos. No miento.
  • No mancharé la enseñanza de la medicina. Ni daré a nadie un veneno, aunque me lo pida, ni sugeriré a nadie tal cosa. Igualmente, no daré a ninguna mujer un tratamiento, ni por arriba ni por abajo, que le provoque el aborto.
  • Enseñaré el arte a los que quieran aprenderlo, sin ocultarles nada y sin imponerles un contrato.
  • Usaré mis tratamientos para ayudar a los enfermos según mi habilidad y buen juicio. En pureza y santidad ejerceré mi arte. En cualquier casa en que entre, lo haré para ayudar a los enfermos, absteniéndome de cualquier acción, intencionada o no, que pueda causar daño o provocar la muerte, y de toda relación erótica con siervos o libres, con hombre o mujer.
  • De todo lo que vea u oiga, con ocasión de mi práctica (o incluso fuera de ella en mis relaciones sociales), guardaré silencio y no lo divulgaré, sino que consideraré esas cosas como un secreto sagrado.
  • Que Dios me ayude en mi vida y en mi arte y que sea yo honrado en el tiempo por todos los hombres, si guardo esta promesa y no la quebranto. Si me mantengo fiel, que me salve; pero si la rompo, que me suceda lo contrario.

Tomado del Juramento cruciforme de la Biblioteca Vaticana, del siglo X u XI.

Ambos juramentos han sido traducidos de la versión inglesa de W.H.S. Jones (The Doctor's Oath. (Cambridge: Cambridge UP, 1924). Transcrita en: Leake CL. Percival's Medical Ethics. Baltimore: Williams & Wilkins; 1927. p 216-7.

[1 ] Margaret Mead. Toward a More Natural Science. Biology and Human Affairs. New York: The Free Press; 1985. p. 238.

Bibliografía consultada:

Nuevo Diccionario de Bioética. Carlos Simón Vázquez, Director. Segunda Edición, mayo de 2012. Editorial Monte Carmelo, Burgos, España. ISBN 978-84-8353-475-5


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