Patrona de Cuba



Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, o la Virgen de la Caridad del Cobre, Caridad del Cobre o simplemente Cachita, es una de las advocaciones de la Virgen María. Es la Patrona de Cuba, este solemne nombramiento fue proclamado por el Papa Benedicto XV en el año 1916. Posteriormente en un viaje realizado por Juan Pablo II a la isla de Cuba en el año 1998, coronó con gran dignidad a la Virgen como Patrona de Cuba.

La imagen mariana se venera en la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba.

Historia de la aparición de Nuestra Señora de La Caridad del Cobre.

Nuestra Señora de la Caridad y de los Remedios , conocida también con la advocación de Nuestra Señora del Cobre, por el nombre de la Villa en que es venerada " El Cobre" , ésta dista cuatro leguas de la Ciudad de Santiago, y cuenta con tres mil quinientos habitantes. Su término es montañoso y muy abundante en minas de metal que da su nombre a la Villa y al ayuntamiento, y lo riegan los ríos Cauto, Casabe, Caimanes y algunos brazos afluentes del Yarayabo.

En 1915 los veteranos de la Guerra de Independencia escribieron al Papa Benedicto XV pidiendo que proclamara Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre. Unos años más tarde, el Papa Pío XI autorizó la coronación canónica de la sagrada imagen. Es en la mañana del 20 de diciembre de 1936, cuando se realizó la coronación por el entonces obispo de Santiago de Cuba, Monseñor Valentín Zubizarreta.

En un homenaje y reconocimiento al pueblo de Cuba, durante su visita a la Isla en 1998, El Papa Juan Pablo II coronó y bendijo la imagen de la Patrona de Cuba durante la tercera misa que ofició en nuestro país, celebrada en la Plaza Antonio Maceo de la ciudad de Santiago de Cuba, el 24 de enero de 1998. El Papa llamó a no olvidar nunca los grandes acontecimientos relacionados con la Caridad y recordó el lugar singular que en la misión de la Iglesia ocupa la Virgen María, de la cual el propio Juan Pablo II era devoto.


FELIZ HALLAZGO

En cierta mañana de 1607, o según otros de 1608, dos hermanos indígenas, llamados Juan y Rodrigo de Hoyos, y el criollo Juan Moreno, que frisaba en los diez años, fueron enviados por el administrador de la estancia o hato de Varajagua a buscar sal en las orillas de la bahía de Nipe. Llegados a la orilla, encontraron el mar agítadísimo a causa del fuerte viento que soplaba acompañado de copiosa lluvia. Como les era imposible ejecutar la tarea, se refugiaron en el bohío llamado Cayo Francés, donde permanecieron tres días, al cabo de los cuales, serenado el tiempo, pudieron embarcarse en débil canoa y dirigirse a las salinas de la costa. Serían como las cinco de la mañana, cuando alcanzaron a descubrir entre las brumas de la aurora un bulto que, flotando entre las aguas, venía hacia ellos. Creyeron al pronto que era una nave acuática que a ellos volaba; pero se vieron agradablemente sorprendidos al reconocer que era una devota imagen de la Virgen María. Venía esta sobre una pequeña tabla en la cuál leíase la siguiente inscripción : Yo soy la Virgen de la Caridad.

La altura de la imagen es cómo de quince pulgadas. Su rostro redondo, de color blanco. En el brazo izquierdo tiene a su divino Niño, pequeñito, sosteniendo en una mano la esfera, símbolo del mundo, y la otra levantada, en actitud de dar la bendición. Todo su aspecto inspira respeto y veneración.

Tomaron los felices tripulantes aquella preciosa joya, cuál inestimable don enviado del cielo, y notaron en ella que ni la orla del vestido de la Señora se había mojado. Enajenados de gozo, recogieron de prisa tres tercios de sal, y regresaron a cayo Francés, donde colocaron la imagen en una barbacoa, mientras se preparaba el modo de conducirla al hato de Varajagua.

No tardaron en hacer el traslado; pues noticiosos los dependientes y trabajadores de la visita que les venía, dispusieron un modesto altar y rebosando de alegría salieron a recibirla. El mayoral de hato despachó un mensajero que diera cuenta de lo ocurrido al Administrador Real de Minas del Cobre, D. Francisco Sánchez de Moya. Ordenó este que se le fabricase, desde luego, ermita, y envió una lámpara de cobre para que ardiese constantemente una luz delante de la imagen.

Historia

Según documentos antiguos que se encuentran en el Archivo General de Indias, la llegada de la imagen de la Virgen de la Caridad a las serranías de la Sierra del Cobre, en Cuba, se produjo cuando un illescano, Francisco Sánchez de Moya, capitán de artillería, recibió el 3 de mayo de 1597 un mandato del Rey Felipe II para que se fuera a las minas de la Sierra del Cobre a defender aquellas costas de los ataques de piratas ingleses. El rey le hizo el encargo de erigir una pequeña iglesia, lugar donde soldados y mineros pudieran acudir a encomendarse y hacer sus oraciones a la adorada imagen de la Virgen de la Caridad. Antes de su partida hacia el Nuevo Mundo, este Capitán mandó tallar en Toledo una réplica de la Virgen de la Caridad, que fue la que llevó por mar hasta la isla.

La Historia se mezcla con la leyenda cuando, setenta y cinco años después de la aparición, el único testigo sobreviviente del "milagro", ya en plena senilidad, hizo una declaración jurada donde involucra en el relato de la milagrosa aparición al propio capitán Francisco Sánchez de Moya, quien había llevado la imagen a la isla.


ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE CON OCASIÓN DEL IV CENTENARIO
DEL HALLAZGO DE SU VENERADA IMAGEN

Virgen de la Caridad del Cobre
hija amada del Padre
Madre del Señor Jesús
templo del Espíritu Santo
y Madre de todos los cubanos.

Al celebrar con alegría el cuarto centenario
de la presencia de tu bendita imagen en nuestra tierra cubana,
te alabamos y te damos gracias
por ser regalo de Dios para nuestro pueblo,
por peregrinar con nosotros mostrándonos a Jesús,
por animar siempre a la Iglesia
que guiada por el Espíritu Santo, quiere servir a su pueblo.

María de la Caridad, mujer creyente, fortalécenos en la fe;
maestra de esperanza, enséñanos a vivir esperanzados;
reina y señora de la caridad,
muéstranos el sendero del amor,
del perdón y la reconciliación entre todos los cubanos.

Acompáñanos en la oración,
enséñanos el camino de la conversión,
ayúdanos en el compromiso y en el servicio a los hermanos,
especialmente a los que más sufren.

Madre de la Caridad, que eres signo y vínculo de unidad,
te suplicamos por todos tus hijos
que, desde dentro y fuera de la patria, desean lo mejor para Cuba,
te miran como símbolo de cubanía,
y sienten que la Caridad nos une.
Cuídanos y protégenos, líbranos de todo mal.

Contigo, primera discípula y misionera,
queremos seguir anunciando a Cristo
como el Camino, la Verdad y la Vida
para que nuestro pueblo, en Él,
tenga vida abundante, verdadera y eterna.

Santa María, Virgen de la Caridad del Cobre,
ruega por nosotros a Dios.
Amén.


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