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El Pecado

Para empezar es importante que reconozcamos que el pecado es una ofensa a Dios, tal y como lo indica el Catecismo Católico en su numeral 1850. Es decir, es una bofetada, un darle la espalda a Dios. Por eso cuando rezamos el Acto de Contrición solemos decir al momento de suplicar perdón que hemos ofendido a un Dios tan bueno. Le hemos infringido a Dios un profundo dolor, ya que él llora cuando nosotros, a través del pecado, nos alejamos de su Presencia. Pese a todo, el mismo Catecismo, en su numeral 1854, nos aclara que hay dos tipos de pecado, uno llamado Venial y otro llamado Mortal.

El pecado Venial
Este tipo de pecado aparece para hacernos ver que no toda ofensa a Dios es verdaderamente grave. Los hermanos separados nos dicen que pecado es pecado, que no existe un pecado grande y otro pequeño. Pese a todo cuando leemos el Evangelio, en los pasajes que nos hablan acerca de la Pasión de nuestro Señor, cuando Jesús está ante Pilato, Jesús le dice a éste, que quien le a entregado a él tiene un mayor pecado (Jn 19,11). También debemos recordar un pasaje de la Primera Epístola de san Juan en donde este apóstol nos habla de pecados que no nos llevan a la muerte (1 Jn 5, 16-17)

Todo lo anterior nos hace ver que en efecto existen dos tipos de pecados, siendo uno de ellos  no grave, no de muerte. A este tipo de pecado la Iglesia le llama Venial.

El pecado mortal
El pecado mortal es también llamado Grave. Este pecado es siempre una ofensa a Dios pero de una connotación mayor, significa que no se desea la amistad con Dios. La intensión el pecado mortal es romper con Dios, sin importar las consecuencias que ello acarrea. El pecado grave o mortal rompe la amistad con Dios y por consiguiente, desprecia el destino final del alma del pecador, es decir, mata la vida sobrenatural del alma, destinandola al fuego y tormento del infierno en caso de alcanzar la muerte sin arrepentimiento.






60.- Los efectos del pecado venial son: poner enferma la vida sobrenatural del alma, y disponernos para el pecado mortal
103.


1.-El pecado venial es una transgresión voluntaria de la ley de Dios en materia leve
104.

Una tos pequeña, pero descuidada, puede llevar a la sepultura. Un punto negro en un diente no es nada, pero si no se lo enseñas al dentista, pronto todo el diente quedará dañado, y hasta puede ser necesaria la extracción.

No es que el pecado leve se convierta en grave. Ni siquiera que muchos pecados leves hagan un pecado grave. Sino que el pecado leve dispone al pecado grave
105, pues debilita la voluntad y nos priva de gracias sobrenaturales con las cuales podríamos luchar mejor contra el pecado grave. «Pero los pecados veniales no nos excluyen del Reino de Dios»106.

Deberíamos poner especial diligencia en evitar los pecados veniales plenamente advertidos y voluntarios.

Evitar también todos los semideliberados supone especial gracia de Dios. Este privilegio lo tuvo María Santísima
107.




2. Un pecado que de suyo es leve, por ser la materia leve, puede ser grave:

a) si el que lo comete cree, por error, que es grave: robar una peseta.

b) si se comete con fin gravemente malo: insultar a otro para que blasfeme.

c) si se hace a otro un daño grave o se pretende hacerlo, o se es causa de grave escándalo: parejas pecando en público.

d) si al cometerlo, se expone uno al peligro próximo de pecar gravemente: entrar por curiosidad en un cabaret.

e) en algunos casos especiales, en que se acumulan las materias, como ocurre en algunos robos pequeños repetidos con cierta frecuencia.



3. Hay personas a quienes les gusta preguntar siempre el límite entre el pecado leve y grave. Pero esto a veces es tan difícil como señalar en el arco iris dónde termina un color y dónde empieza otro. Por eso, en la duda, muchos dicen al confesor: «Me arrepiento tal como esté en la presencia de Dios».

«Los límites entre el pecado mortal y el venial varían de penitente a penitente, y hasta en el mismo penitente varían de una vez a otra. En efecto, el penitente no siempre presta la misma atención, ni se da la misma cuenta, de la gravedad de sus acciones frente a la santa voluntad de Dios»
108.

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  1. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1854regresar
  2. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1850regresar
  3. JOSÉ RIVERA-IRABURU: Síntesis de espiritualidad católica, XVI, 5. Ed. Gratis Date. Pamplona.regresar
  4. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1855regresar
  5. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1863regresar
  6. JUAN PABLO II: Reconciliación y Penitencia, nº 17. Revista ECCLESIA, 2204 (5-I-85)29sregresar
  7. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1854regresar
  8. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 1874regresar
  9. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº1863regresar
  10. ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 1ª, III, nº 54. Ed. B.A.C. Madrid.regresar
  11. ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 1ª, III, nº 55. Ed. B.A.C. Madrid.regresar
  12. Ritual de la Penitencia, nº 47. 1975regresar
  13. ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 1ª, III, nº 57. Ed. B.A.C. Madrid.regresar
  14. BERNHARD HÄRING: SHALOM: Paz, XI, 1. Ed. Herder. Barcelona. 1998.regresar
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