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La Familia vista por Aparecida

LA FAMILIA EN APARECIDA 

José Manuel Rodríguez Canales

Universidad San Pablo

Arequipa - Perù


Justificación

El presente artículo es una breve reseña y comentario sobre las menciones al tema de familia que encontramos en el documento final de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, Brasil.

En primer lugar se hace necesaria una síntesis esquemática del documento para ver qué lugar ocupa y cómo se aborda el tema de la familia. Es fácil deducir que el discurso inaugural de su Santidad Benedicto XVI es un derrotero que los trabajos de la Conferencia han seguido con atención. El esquema del Documento es tripartito: una mirada a nuestros pueblos, la vida de Jesucristo en los discípulos misioneros y finalmente la vida de Jesucristo en los pueblos de América Latina y el Caribe. Recoge en varios lugares la propuesta del discurso pontificio. En ambos, tanto en el discurso como en el documento, cabe señalar que se antepone la vida de Jesucristo como punto de partida para la acción.

Así, la vida cristiana en cuanto acogida de la Presencia de Cristo en la vida cotidiana es el núcleo fundamental de Aparecida. Cabe señalar la constante insistencia en la vida más que en la reflexión. Se trata de la experiencia existencial que surge del encuentro con Jesucristo. No se insiste en ideas o programas que surgen de una reflexión sino de meditaciones que brotan de una experiencia existencial similar a la de la Iglesia primitiva en un horizonte de renovación en continuidad típico del Magisterio y la praxis de la Iglesia Católica a lo largo de la historia. Todo el documento es un llamado a centrarse en esta experiencia de conversión que vuelca al creyente a la acción y lo convierte en misionero.

La vida precede a la reflexión y a las estructuras que de ella brotan para responder a las necesidades de las personas. Desde allí es que se leen los problemas, aspectos y protagonistas de cada situación apostólica. El objetivo es claramente misionero. En ese sentido el documento pretende ser un impulso evangelizador en el contexto de las nuevas situaciones por las que pasa la región.

En el discurso inaugural, Benedicto XVI señala los temas pertinentes estableciendo un programa que incluye en una mirada rápida las áreas de mayor urgencia hoy. El documento recogerá en un contexto más amplio estas áreas según los temas clásicos de la reflexión y acción de la Iglesia en los últimos veinticinco años.

 

En su discurso, la familia es el primer tema prioritario señalado por el Santo Padre. Este hecho tiene una larga historia en el Magisterio y práctica de la Iglesia. Especialmente desde el Concilio Vaticano II viene repitiéndose y desarrollándose. En la Constitución Dogmática Lumen Gentium[1] la familia es mencionada en el capítulo II como un carisma en el Pueblo de Dios y en el capítulo V como uno de los caminos por los que se puede responder al llamado universal a la santidad[2]. En la Constitución Pastoral Gaudium et Spes[3], de manera similar a cómo presenta el tema el Santo Padre, la familia aparece como el primero de los temas más urgentes. Posteriormente la Exhortación Post-sinodal “Familiaris Consortio”[4] de Juan Pablo II complementará y ampliará en el mismo orden la teología del matrimonio y la familia y será recogida en el Catecismo Universal de la Iglesia en la sección segunda de la segunda parte en el Sacramento del Matrimonio[5]. Los textos mencionados, entre otros que no señalamos por cuestión de espacio, constituyen un “corpus” teológico que se supone conocido para comprender a cabalidad tanto el mensaje del Santo Padre como el Documento.

 

En el primero, son muy interesantes y pertinentes las observaciones que el Papa hace sobre los ataques que la familia viene sufriendo hoy en América Latina. En el segundo, este análisis es ampliado y profundizado.

 

El Santo Padre señala que la familia “sufre situaciones adversas provocadas por el secularismo y el relativismo ético, por los diversos flujos migratorios internos y externos, por la pobreza, por la inestabilidad social y por legislaciones civiles contrarias al matrimonio que, al favorecer los anticonceptivos y el aborto, amenazan el futuro de los pueblos”[6].

 

 El fenómeno del secularismo va de la mano con el relativismo ético. No es ninguna novedad decir que como fruto del olvido de Dios desaparecen los referentes morales fundamentales que protegen y promueven al hombre en cuanto persona. Asistimos a una cada vez más dramática “dimisión de lo humano”[7] en la que la familia como primer lugar de personalización es vista como una estructura que atenta contra la libertad individualista constantemente propuesta como paradigma último de realización humana. Ya en la homilía previa a su elección, el entonces Cardenal Ratzinger denunciaba la tiranía del relativismo[8] como uno de los males más graves que aquejan a la sociedad actual. En Latinoamérica el secularismo y el relativismo ético proceden de las elites ilustradas y se proyectan hacia la población por los medios de comunicación social. Esto genera que se renueve la mentalidad secularista en predios ilustrados y la ignorancia religiosa de generación en generación en las zonas populares.

 

Los flujos migratorios internos y externos son una realidad latinoamericana asociada a la pobreza y el subdesarrollo que usualmente se expresa en el centralismo de las capitales y grandes ciudades que va en desmedro del crecimiento de las zonas rurales. La población se ve obligada a migrar hacia estas por no encontrar formas mínimas de subsistencia mediante las actividades que a lo largo de los siglos aseguraron su manutención y crecimiento armónico con el medio. Estas movilizaciones suelen quebrar la unidad familiar. Muchos padres de familia van  buscar trabajos que económicamente son más rentables aunque siempre son insuficientes. Muchos jóvenes deben migrar en busca de oportunidades para su futuro. Muchas madres dejan a sus hijos con parientes mientras intentan encontrar medios fuera de la provincia o del país. En Latinoamérica hay economías nacionales cuyo segundo ingreso es el dinero que envían los inmigrantes. Es un fenómeno que genera desarraigo, abandono y pobreza moral.

 

La inestabilidad social que menciona el Santo Padre brota también de la violencia familiar, el abandono de los hijos y la carencia de oportunidades de realización personal para las personas de más bajos recursos. Así mismo, la creciente desigualdad y la brecha entre ricos y pobres es uno de los problemas más graves.

 

Seguidamente el Papa señala las legislaciones contrarias al matrimonio. La promoción indiscriminada e interesada de una mentalidad anticonceptiva y antivida termina por asociar la pobreza al nacimiento de los hijos en una ecuación falsa que pretende explicar la pobreza con el exceso de población en un continente subpoblado.

 

Finalmente Benedicto XVI hace mención a un problema latinoamericano que tiene una larga historia: el machismo: “en algunas familias latinoamericanas persiste aún por desgracia una mentalidad machista, ignorando la novedad del cristianismo que reconoce y proclama la igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto del hombre”. Así el machismo es visto como ignorancia del cristianismo. Con esto el Santo Padre pone como una de las tareas evangelizadoras la necesidad de desarraigar el machismo. Cabría mencionar aquí que otro de los problemas que aparece como fruto del machismo es la reacción feminista que en algunos casos cobra ribetes de ideología y esconde agendas anticristianas que intentan redefinir la naturaleza de la sexualidad desde perspectivas relativistas y hedonistas.

 

En el documento, las indicaciones del Santo Padre son seguidas en primer lugar ampliando la teología familiar con palabras que requieren un mayor desarrollo pero que proponen lo fundamental del Evangelio sobre el matrimonio y la familia. El tono es de agradecimiento y bendición uniendo así una actitud orante al planteamiento teológico. Se va de la Trinidad como fundamento de la vida familiar hasta Jesucristo que la instaura en la Economía de la Salvación pasando por la Creación como fundamento del orden natural en el que la familia se debe desenvolver para ser lo que realmente es. Resalta un texto paulino que atraviesa todo el Magisterio de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia[9].

 

En segundo lugar el documento hace una lista de prioridades en el trabajo evangelizador concretando en programas de acción la respuesta a las necesidades pastorales del continente de la esperanza. Los problemas son analizados de manera sucinta e inmediatamente se propone una estrategia pastoral.

 

Hasta aquí una breve mirada al tema de familia tanto en el discurso pontificio como en el Documento. Quisiera terminar con dos comentarios puntuales. El primero es que la aproximación existencial es una característica fundamental de la experiencia pastoral de la Conferencia Episcopal de Aparecida. En un continente que ha sufrido y sufre todos los experimentos ideológicos posibles, los obispos, iluminados por el Espíritu han optado por partir del encuentro vital con el Señor para discernir a la luz de su amor y asumir la inmensa responsabilidad de  renovar una vez más la evangelización de estas tierras bendecidas con la fe. En este horizonte el matrimonio y la familia ocupan un lugar esencial de frontera. En ambas instituciones se juega ciertamente el futuro de la región y del mundo. La insistencia profética en estos temas ha sido una vez más reiterada en Aparecida.

 

Como segundo comentario se puede ver con claridad, tanto en el discurso como en el Documento, una saludable superación de cierto moralismo que reduce el tema de familia a los deberes dejando de lado sus aspectos antropológicos y teológicos. No se puede ayudar a las personas con un discurso moralista desarraigado de las razones de la fe que son en el fondo las razones de la felicidad de los seres humanos. La Iglesia como experta en humanidad predica la verdad sobre el hombre, su mensaje no puede ser reducido a una ideología por interesante y completa que pueda parecer. Su tarea es el anuncio del Evangelio y esto hace que se preocupe por las situaciones concretas de las personas en las que se requiere un mensaje de esperanza y de amor.

 



[1] Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 11.

[2] Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 41.

[3] Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 47- 52.

[4] Juan Pablo II, Exhortación post sinodal “Familiaris Consortio”.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, 1601- 1666.

[6] Varios, Aparecida, documento final, Epiconsa, Lima, 2007, p. 17.

[7] Figari, Luis Fernando, Dimisión de lo humano, carta electrónica Duc in Altum, http://www.m-v-c.org/subsidios/lff/dimision.htm

[8] http://www.vatican.va/gpII/documents/homily-pro-eligendo-pontifice_20050418_sp.html

[9] Efesios 5, 25-33.

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