ARTICULOS DE FE‎ > ‎

Los Magos, buscadores de Dios

“Los Magos: buscadores de Dios”, por Mons. Juan del Río


Por SIC el 4 de enero de 2011



Nuestras calles templaran el esplendor de las cabalgatas, estamos seguros que los Reyes venidos de Oriente hallarán tu casa, la de tus hijos y nietos, y sabrán llegar a los hogares más recónditos. Estos personajes desconocidos derrocharán generosidad con nuestros niños. Sus gritos de regocijo y sus sonrisas son signos de aquella “inmensa alegría” que inundó los corazones de estos astrólogos paganos que, según la narración simbólica del evangelista Mateo (cf. Mt 2,1-12), llegaron hasta Belén y encontraron “al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron los regalos: oro, incienso y mirra” (Mt 2, 11). 

Según Benedicto XVI, “estos dones representan el reconocimiento de una persona como Dios y Rey. Es decir, es un acto de sumisión. La consecuencia que deriva de ello es inmediata…desde aquel acto ha comenzado algo nuevo, se ha trazado una nueva vía, ha bajado al mundo una nueva luz que no se ha apagado. Esa luz no puede ser ignorada en el mundo: los hombre se moverán hacia aquel Niño y serán iluminado por la alegría que solo Él sabe dar” (Homilía 6.1.2009)

Desde la Ilustración se viene preconizando la desaparición de la religión y más en concreto la disolución del catolicismo, ante los avance de la secularización, los adelantos de la ciencia y el poder de la técnica. El tiempo y los hechos están demostrando que estamos ante un puro deseo. La religión vuelve a veces de forma inesperada, el catolicismo no va en detrimento, sino todo lo contrario, se ha convertido en “la gran voz profética” ante el concurso de las naciones. Podemos decir con Th. Luckmann que: “la estructura social se ha secularizado, el individuo no”. La secularización total equivaldría simplemente a la deshumanización. Nuestra sociedad vive la crisis de las ideologías, en la que el pragmatismo puro revela su dramática insuficiencia y sus efectos desestabilizadores. Tanto en el pasado como en la actualidad, los hombres siguen siendo buscadores de Dios como lo fueron los Magos.

La historia de la Navidad fue una manifestación de Dios discreta, limitada a unos pocos, como el caso de los pastores (cf. Lc 2,15-20). Mientras que el nacimiento de Jesús era desconocido para los doctores del pueblo de la promesa; es hallado, reconocido y adorado por los gentiles representados en esos “sabios de Oriente”. A menudo sucede que son los conversos y los inesperados, los que abren caminos nuevos y fecundos a la Iglesia y a la sociedad (cf. Hch 9,26-30).

La celebración de la Epifanía de Dios a todos los pueblos es el paso del particularismo judío al universalismo cristiano. Con ellos, el discurso de Dios se hace accesible a cualquier ser humano, se han roto las barreras de la raza, nación, condición social o política. El Dios Humanado pertenece a todos, ha superado cualquier división, ha traído una misión universal de salvación para todos los hombres de buena voluntad.

¿Cómo encontrarnos con esos Magos que personifican la búsqueda constate de Dios? ¿Cómo hallar entre tantos regalos al Regalo por excelencia que es Jesús? ¿Qué camino tomar? ¿El qué sugieren las pasiones o el qué indica la estrella que brilla en la conciencia? Es necesario que alcemos la mirada de lo puramente terrenal y caduco, y busquemos los bienes del cielo que son imperecederos, que poseen luces suficientes para iluminar el sendero verdadero, y dar respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón humano. Porque como diría san Agustín: “nos hiciste Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.

Dios se revela a aquellos que lo buscan. Él se hace el encontradizo ante el más mínimo deseo del hombre. Si dices no encontrar a Dios por ninguna parte, ¿no será que has perdido la capacidad de asombro y estás cómodamente instalado en ti mismo y prefieres adorar a “otros dioses” aparentemente menos exigentes que el nacido en Belén? La fe en Dios supone una opción clara hacia una Meta. Es un Éxodo de nuestro pequeño mundo para hallar el horizonte de lo Infinito. Es humildad de corazón para poder adorar a Aquel que nos sobrepasa. ¡Este fue el recorrido espiritual de los Magos!

+ Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España


PAGINA PRINCIPAL

Comments