Oración nocturna para después

de las segundas vísperas

DOMINGO

 

INVOCACIÓN INICIAL
 
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,

ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

R. Amén. (Aleluya).
 
EXAMEN DE CONCIENCIA
 
Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada

que Dios nos ha concedido,

reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
 
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
V. El Señor todopoderoso

tenga misericordia de nosotros,

perdone nuestros pecados

y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
 
Himno

CRISTO, SEÑOR DE LA NOCHE
 
Cristo, Señor de la noche,
que disipas las tinieblas:
mientras los cuerpos reposan,
se tú nuestro centinela.
 
Después de tanta fatiga,
después de tanta dureza,
acógenos en tus brazos
y danos noche serena.
 
Si nuestros ojos se duermen,
que el alma esté siempre en vela;
en paz cierra nuestros párpados
para que cesen las penas.
 
Y que al despuntar el alba,
otra vez con fuerzas nuevas,
te demos gracias, oh Cristo,
por la vida que comienza. Amén.
 
SALMODIA
 
Antífona

Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
 
Salmo 90

A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.
 
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.»
 
Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.
 
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.
 
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.
 
Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.
 
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;
 
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.
 
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
 
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

 

Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

 

Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

 
LECTURA BREVE                                             (Ap 22, 4-5)
 
Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente.

Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni

de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos,

y reinarán por los siglos de los siglos.
 
RESPONSORIO BREVE
 
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
 
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
 
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
 
CÁNTICO EVANGÉLICO
 
Antífona

Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,

para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
 
CÁNTICO DE SIMEÓN                                          (Lc 2, 29-32)
 
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
 
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos
 
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

 

Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,

para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

 

Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,

para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

 
Oración 

Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber

celebrado en este día los misterios de la resurrección de

tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz,

y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente

tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
 
BENDICIÓN
 
V. El Señor todopoderoso

nos conceda una noche tranquila

y una santa muerte.
R. Amén.
 
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
 
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
 
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.


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