La Parroquia y la Nueva Evangelización

 FUENTE: iglesiacr.org


Intervención de Monseñor José Rafael Quiros, Obispo de Limón, durante la Asamnlea del Sínodo de Obispos sobre la Nueva Evangelización que se realiza en Roma (7 al 28 de octubre, 2012)

1- Al plantearnos hoy el tema de la nueva evangelización, nos ponemos en sintonía con esta gran iniciativa a la que dio cuerpo el recordado Beato Papa Juan Pablo II, quien con su vida y su palabra, estimuló en toda la Iglesia, el anhelo de renovar la fuerza evangelizadora de la Iglesia.

2- Frente a este tema propuesto como eje conductor de esta asamblea sinodal, la renovación de la Parroquia como espacio que posibilita y entreteje una auténtica experiencia de encuentro con Jesucristo y de la participación en su seguimiento discipular (cfr. DA 170.172.173) es para la nueva evangelización un imperativo. Ella debe articularse como una gran comunidad de pequeñas comunidades y experiencias comunitarias, en las que sea posible rescatar el valor personalizante del encuentro.

3- En este sentido, el carácter normativo de la primera comunidad cristiana (cfr. Hech. 2, 42-47; DA 175), nos hace revalorar la importancia de promover, en medio de una sociedad en la que el anonimato y la indiferencia, el afán de dominio y el establecimiento de relaciones marcadas por el poder, la apatía en la defensa de la dignidad del ser humano, la aspiración de tener y el consumismo desmedido que de ello deriva, se nos muestran como características que marcan un estilo de vida antievangélico; un estilo de vida alternativo, marcado por los valores que propone el Evangelio, por lo que la comunidad creyente se convierta en motor que promueva la confesión de la fe como una matriz de sentido cultural, ético, político y económico auténticamente humana. Una comunidad discipular capaz de enseñar a relativizar toda absolutización idolátrica, que vuelve al ser humano un objeto, y desfigura en él la verdad sobre el ser humano (cfr. GS 22).

4-Para ello se requiere que la comunidad parroquial aparezca ante la sociedad como una comunidad de hermanos cuya preocupación fundamental es la oración, el servicio y el acompañamiento, que se impulsen desde ellas procesos de formación con itinerarios bien establecidos que conduzcan a una auténtica maduración humana y cristiana de sus miembros evitando así, lo que se ha dado a llamar "fe epidérmica".

5- En la 5° Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, los obispos del continente han indicado que un proceso tal requiere abarcar «diversas dimensiones que deberán ser integradas armónicamente a lo largo de todo el proceso formativo. Se trata de la dimensión humana comunitaria, espiritual, intelectual, pastoral-misionera." (cfr. DA 280), cada una de ellas con sus propias características, y buscando como objetivo común una formación que responda a las necesidades de la propia persona y de la tarea evangelizadora.  

6- Dicho itinerario debe subrayar el valor primordial de la persona humana, de su  historia y de la realidad en la cual se encuentra. Esta experiencia integral, es el punto de partida desde donde se debe invitar a la persona a abrirse a la experiencia de relación con Dios Uno y Trino.

7- Los itinerarios de formación deben ser un camino que recorrido, en comunidad, logre iluminar, desde la Palabra leída y meditada en la fe de la Iglesia, la propia vida (cfr. D.A. 248), y en con la luz de la fe incentivar la búsqueda de la verdad.  Es de esta experiencia comunitaria que brotará como de una fuente, el compromiso de compartir con alegría el don del encuentro con Jesucristo.

8- La experiencia de formación que estos itinerarios deben ofrecer, ha de trascender la inmediatez de toda catequesis pensada unilateralmente como preparación para los Sacramentos, aunque la incluye. Debe ser experiencia que nos lleve a re descubrir la dimensión eclesiológica de cada Sacramento, y por lo tanto su sentido en el camino de fe que recorre cada comunidad.

9- Es por ello que la superación de un modelo de parroquia, en la que ésta se concibe únicamente como un lugar donde se ofrecen y prestan servicios espirituales, para dar lugar a concebirla como «una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión» (DA 172).  comunidad de comunidades, desde donde se irradia la acción misionera.  

10- Es necesario por tanto provocar en todos los fieles, una actitud de permanente conversión personal, y a su vez, en todos los agentes de pastoral, clérigos y laicos, una actitud de permanente conversión pastoral (cfr. D.A. 366), que evidencie la fuerza transformadora de la Palabra (cfr. Mt 13,33), la belleza y dinamismo de la Iglesia.

11- Esto llevará a que los creyentes se conviertan de forma activa y propositiva, en gestores de una nueva cultura, articulando desde la fe procesos de auténtica humanización personal y social (cfr. DA 476). El cristiano, al buscar a Dios como el único absoluto, se convierte a su vez en un portador de las mismas actitudes de Jesús, que dio testimonio de la libertad que nace del amor

12- Pero también tiene una importancia fundamental la vida de los pastores en su dimensión testimonial. Por esta razón se tiene que poner especial cuidado en el proceso de formación de los futuros pastores, la dimensión misionera como expresión de una madura espiritualidad.

13- Además debe enfatizarse en el proceso de formación sacerdotal, el sentido que ha de darse a la promesa de obediencia (cfr. PDV 28) asumida en el espíritu de comunión, de forma que la vinculación que a través de la persona del Obispo se da con toda la Iglesia diocesana, permita sin dificultad llevar adelante la iniciativa de una nueva  evangelización, con el dinamismo requerido, evitando que la falta de comunión en el presbiterio, sea un obstáculo para la misma. Se trata de la vivencia de una espiritualidad de comunión efectiva, que conduce a escuchar la voz del Espíritu en las directrices emanadas del Pastor. Se debe tener conciencia del desconcierto que causa entre los fieles la falta de esta comunión, dado que se pone en evidencia la falta de unanimidad, a veces en lo que es fundamental de la experiencia eclesial.  

 

+José Rafael Quirós Quirós

Obispo de Limón, Costa Rica


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