Misión educadora de la Iglesia

CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA
Con motivo de su más reciente publicación entorno
a la educación para el Amor y la Sexualidad



1. Misión educadora de la Iglesia:

Como lo establece la Declaración Sobre la Persona Humana, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “corresponde a los obispos enseñar a los fieles la doctrina moral que se refiere a la sexualidad, cualesquiera que sean las dificultades que el cumplimiento de este deber encuentre en las ideas y en las costumbres que hoy se hallan extendidas” (DPH 13)

Los principios y las normas de vida moral reafirmadas en dicha Declaración se deben mantener y enseñar fielmente, haciendo comprender a los fieles “que la Iglesia los conserva no como inveteradas tradiciones que se mantienen supersticiosamente (tabús), ni en virtud de prejuicios maniqueos, según se repite con frecuencia, sino porque sabe con certeza que corresponden al orden divino de la creación y al espíritu de Cristo; y, por consiguiente, también a la dignidad humana” (DPH 13).

 

Para la Iglesia, la educación integral de las personas ha sido una preocupación prioritaria a lo largo de la historia y, por supuesto, enmarcada en ella, la educación para la vivencia del amor y la sexualidad. Por lo anterior, en los últimos años la Conferencia Episcopal de Costa Rica ha publicado varios textos con contenidos formativos sobre esta temática. Entre ellos se pueden citar la “Educación de la Sexualidad para Padres de Familia y Educadores”, en dos tomos; y “Sexualidad: don y responsabilidad”. Con estos y otros textos los Obispos hemos dado orientaciones, en torno a temas que a la feligresía y a la sociedad en general, a veces, les resultan poco conocidos académica y doctrinalmente.

Se mantiene la urgente necesidad de formación más sistemática, en el área de la afectividad humana y de la sexualidad en general. Ante esta realidad se proponen estos textos, como un instrumento al servicio de la feligresía y de la ciudadanía costarricense en general, para ponerse en práctica en las Diócesis, en las Parroquias y comunidades, como parte de los procesos pastorales en torno a la educación, y con la participación de diversos agentes de pastoral. En especial, de los padres y madres de familia, a quienes se les debe reconocer su responsabilidad como primeros educadores y formadores de sus hijos e hijas. Así lo expresamos en el número 8 del documento “Sexualidad: Don y Responsabilidad”; ya que “la educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos”, según lo afirma el Pontificio Consejo para la Familia en su documento “Sexualidad Humana: Verdad y Significado”, en el número 43.

En este proyecto educativo el enfoque enfatiza en la dimensión trascendente de la persona, como ser espiritual y corpóreo, sin dejar de lado otros aspectos, pues asume una visión integral de la persona. Este es un enfoque personalizante en cuanto parte de una concepción integral del ser humano y tiene en cuenta diversos elementos esenciales de la persona, como son la libertad, la autonomía, la responsabilidad, la sociabilidad, la capacidad de amar, la voluntad, entre otros.

Se elaboró un texto, dirigido a padres y madres de familia, con orientaciones y actividades sobre la educación en la afectividad y la sexualidad de los niños entre cero y seis años de edad. Además, se elaboraron los encuentros para la atención de las personas menores por grupos de edad de siete a nueve, de diez a doce, de trece a quince, de dieciséis a diecisiete años y para la atención de personas con mayoría de edad, es decir, con dieciocho años y más. Cada uno de los encuentros cuenta con una fundamentación doctrinal y conceptual, para la consulta y profundización en relación con los temas abordados. En total se elaboraron seis textos, que se ofrecen a las familias para la educación en la vivencia del amor y la sexualidad. Es obvio que también en esta área del amor y la sexualidad la formación deberá ser progresiva y permanente.

Por otra parte, los encuentros están pensados, para el común de la gente cristiana, católica, creyente, consciente de ser bautizada, que quiere un instrumento directo, comprensible y práctico para tratar con sus hijos, catequizandos, adolescentes, jóvenes, adultos, familias, grupos apostólicos… sobre temáticas relacionadas con la formación en estas áreas o dimensiones de la persona; sin excluir a las personas de buena voluntad que quieran asumir este enfoque educativo.

Por eso, esencialmente han sido esbozados, por personas que están en contacto con niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos en aulas o grupos parroquiales y en su propio hogar. Han sido revisados por expertos en las temáticas abordadas, constituyéndose en instrumentos educativos legítimos y válidos, en un mundo y una sociedad que cada día se vuelven más complejos y exigentes. Han sido elaborados siguiendo las pautas de educación sexual, dadas en el documento “Orientaciones Educativas sobre el Amor Humano” de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, y así como en las indicaciones dadas en el documento “Sexualidad Humana, Verdad y Significado”, del Pontificio Consejo para la Familia, en el que se proponen los principios enunciados a continuación:

 

a) La sexualidad humana es un misterio sagrado que debe ser presentado según la enseñanza doctrinal y moral de la Iglesia, teniendo siempre en cuenta los efectos del pecado original.

b) Deben ser presentadas a los niños y a los jóvenes sólo informaciones proporcionadas a cada fase del desarrollo individual.

c) No se ha de presentar ningún material de naturaleza erótica a los niños o a los jóvenes de cualquier edad que sean, ni individualmente ni en grupo.

d) Nadie debe ser invitado, y mucho menos obligado, a actuar en modo que pueda ofender objetivamente la modestia o lesionar subjetivamente la propia delicadeza y el sentido de «su intimidad» (SH 122-127).

 

2. Los textos son parte de la acción evangelizadora de la Iglesia.

La elaboración y publicación de estos textos para la educación en la vivencia del amor y la sexualidad responde a un acuerdo de la Conferencia Episcopal, tomado en la Asamblea Ordinaria de Agosto del 2004. A lo largo de cuatro años fueron preparados con la consulta a jóvenes, universitarios, padres y madres de familia, y con la participación de docentes y expertos en teología, moral, currículo, psicopedagogía, entre otros. Como se puede deducir, con esta publicación no se trata de salir al paso o de responder a grupo alguno; sino, que la Conferencia Episcopal publica estos textos como parte de la misión evangelizadora de la Iglesia, en una sociedad en la que más del 90 % de su población es cristiana.

Se ha publicado una primera edición de cinco mil ejemplares, en la que se ha puesto un gran esfuerzo para obtener unos textos de calidad. Sin embargo, como toda obra humana, es mejorable; por eso se espera poder realimentarla con las observaciones que se nos hagan por parte de aquellas personas que participen en los procesos de formación.

La educación de los hijos es responsabilidad y derecho primario de los padres y madres de familia. Estos textos los ofrece la Iglesia como un insumo que les puede facilitar esa labor, desde un enfoque que posibilita la formación en principios morales y humanísticos.

El derecho de padres y madres de familia, de escoger los contenidos educativos que se les imparta a sus hijos, les permitir organizarse, en pos de que la educación de la sexualidad de sus hijos e hijas, se desarrolle a partir de los principios y procesos propuestos en estos textos.

Queda en la conciencia y en las manos de los padres y madres de familia el tipo de educación que quieren para sus hijos en las dimensiones tan importantes del amor y de la sexualidad. La Iglesia, Madre y Maestra y, por tanto, educadora, propone, no impone, el camino –estrecho, sí, pero que conduce al Reino de los Cielos- señalado por su Maestro, Jesucristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida, y sin el cual no se puede ir al Padre.

 

Dado en la Sede de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, el día 25 de Mayo del 2009


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