Comentario al Evangelio: Mt 15, 29-37


FUENTE: dominicos.org

Miercoles de la I Semana
Tiempo de Adviento

Compartimos la Palabra

  • Preparará el Señor un festín de manjares suculentos

El profeta Isaías, en la lectura de este día, nos sorprende con el anuncio de un festín, un banquete. Una imagen conocida y llena de significado en todas las culturas asociada a las grandes fiestas y que nos habla de celebración, de comida compartida, de posibilidad de espacio de diálogo y encuentro gratuito. Este banquete es para Isaías el signo de la plenitud que traerán los tiempos mesiánicos, una plenitud que tiene los siguientes rasgos:

- Es don de Dios; Es él quien prepara el festín, invita, tiene la iniciativa, convoca, atrae hacia sí: hacia “el monte”, lugar del encuentro con Él.
- Significa sobreabundancia: manjares suculentos, vinos generosos y de solera… La salvación de Dios desborda todas las expectativas humanas.
- Es para todos los pueblos. Dios rompe la dinámica de exclusión generada por la injusticia social y por la idea de superioridad de raza, lengua pueblo o nación.
- Es victoria definitiva sobre todo aquello que oprime al ser humano, que le impide vivir y es causa de sufrimiento y dolor; la muerte misma será vencida, nos dice el profeta.

El relato de Isaías es, por tanto, una invitación a vivir la alegría de la esperanza en la promesa de Dios. Él saciará y colmará los anhelos más profundos del ser humano.

  • ¿Cuántos panes tenéis?

En el relato del Evangelio de hoy, Jesús se encuentra rodeado de gente. Eran muchos los que le buscaban, los que iban ante él con su situación, su realidad esperando una palabra, un gesto que les devolviera esperanza, sentido a sus vidas.

Jesús acoge a aquellos que se le acercan, se deja afectar por ellos, es capaz de descubrir aquello que necesitan, de empatizar con lo que están viviendo.

Los discípulos le acompañan, van aprendiendo de él, se hacen preguntas: ¿Cómo dar de comer a tanta gente? ¿De dónde sacar aquello que necesitan? Son las preguntas que muchas veces nos hacemos ante el contraste entre nuestras aparentes fuerzas y posibilidades y lo desbordante de la tarea, de la misión, a la que Jesús nos llama y nos invita.
Pero Jesús no se queda en este tipo de disquisiciones paralizantes, sino que pregunta a sus discípulos “¿Cuántos panes tenéis?” y tomando aquello que ellos tienen, lo bendice, lo parte y lo reparte entre la gente. Y parece que todos comieron hasta saciarse y que incluso sobró.

También hoy, Cristo nos pregunta a nosotros qué es lo que tenemos, qué lo que estamos dispuestos a poner en sus manos; también, de forma implícita, qué es lo que nos reservamos y guardamos. Porque es con eso que nosotros tenemos, que Cristo va construyendo su Reino en nuestro mundo.

En la lógica del Evangelio lo que no se da, se pierde y lo que se entrega se multiplica en abundancia para todos. ¿No es esta abundancia fruto del compartir solidario la que hoy necesita nuestro mundo? Ojalá tengamos el coraje y la creatividad para poner al servicio y sumar nuestros pequeños o grandes dones; ojalá tengamos la suficiente confianza en que con ello el Señor va a ir realizando a través de nosotros su obra de salvación en el mundo. Porque para ese Él ha venido, para que tengamos Vida y Vida en abundancia.

Hna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo
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